miércoles, 24 de febrero de 2010

LA MALA EDUCACION

De la misma manera que yo engaño cuando entro en una tienda a comprarme una camiseta y pido la talla XL, hay gente que engaña con respecto a su educación, entendiendo la palabra en su acepción de cortesía y urbanidad.

Conozco a varias personas que de entrada me han deslumbrado con unas maneras impecables, dejándome boquiabierta en más de una ocasión, y que cuando se ha presentado la oportunidad de tener con ellas un trato continuado me han dejado pasmada precisamente por lo contrario.

Y es curioso porque sus maneras no cambian. Siguen siendo impecables. Lo que observo que cambia es la selección que hacen con respecto a quien las dedican así como la medida en que las dispensan, perdiendo el culo (y disculpen la expresión) por hacer algo por alguien, lo mismo que harán para otro pero manifestando sus reparos para que se sepa el sacrificio o el favor que le están haciendo y sobre lo que buscarán mil excusas (eso sí, muy elegantes) para no hacerlo por un tercero.

Entonces te das cuenta que no se trata de que tú quizás no conocías lo suficiente a esas personas, porque de hecho, más allá de las maneras, tampoco suele haber mucho más que conocer, sino de que ellos crean que lo que conocen de tí es suficiente para catalogarte decidiendo cuanta de su “esmerada” educación te mereces. Así, no tienen ningún reparo en prescindir de ti y dejarte con la palabra en la boca cuando, estando contigo, se presenta la oportunidad de tratar a alguien que en su escala tiene, en ese momento, un valor por encima del tuyo.

Huelga decir que esos valores varían en función de cómo varían los estatus de quien dispensa y quien recibe esa educación en relación al grupo social en el que interactúan.

Eso no es educación, verdad?

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